Cómo recuperar la piel después del verano.

Cómo recuperar la piel después del verano: los tratamientos que recomiendo para empezar el otoño

El verano nos sienta muy bien a nosotros, pero no siempre tan bien a nuestra piel.

A mí también me pasa. Vuelvo de las vacaciones descansada, desconectada y con esa sensación de haber recargado las pilas, pero cuando observo mi piel con detenimiento, encuentro pequeñas huellas del verano: algo más de deshidratación, alguna mancha que parece haberse hecho más visible o simplemente una piel que no se siente igual que unas semanas atrás. Por eso, cuando hablamos de tratamientos para recuperar la piel después del verano, para mí el primer paso nunca debería ser elegir una técnica o tratamiento, sino entender qué necesita realmente esa piel.

Y sí, aunque sea médica estética, mi piel también necesita cuidados y tratamientos. Conocer perfectamente lo que ocurre dentro de ella no hace que el sol, el calor, el cloro, la sal o los cambios de rutina me afecten menos.

De hecho, cuando vuelvo a consulta después de las vacaciones, muchas de mis pacientes me cuentan prácticamente lo mismo que yo puedo observar en mi propia piel:

“Doctora, después del verano noto la piel diferente”.

Y me gusta esa expresión: diferente. Porque no siempre hablamos de una arruga nueva o de una gran mancha. A veces es algo más difícil de explicar. La piel parece más apagada, menos hidratada, algo más áspera; aparecen pequeñas pigmentaciones que antes apenas veíamos o sentimos que hemos perdido parte de esa luminosidad que teníamos.

Las vacaciones terminan, pero algunas de sus huellas se quedan con nosotros.

Por eso, la transición entre el verano y el otoño es uno de los momentos que más me gusta para volver a observar la piel con calma. No para empezar una carrera de tratamientos ni para intentar “reparar” en unas semanas todo lo ocurrido durante el verano, sino para entender qué necesita realmente.

Porque aquí hay algo importante: dos personas pueden regresar de vacaciones diciendo exactamente lo mismo —“tengo la piel fatal”— y, cuando las valoro, encontrarme con necesidades completamente diferentes.

Una puede presentar principalmente deshidratación. Otra, alteraciones en la pigmentación. Otra empieza a notar cambios en la textura o en la firmeza. Y muchas presentan una combinación de varios factores.

Por eso, cuando me preguntan: “Doctora, ¿Qué tratamiento debería hacerme para recuperar la piel después del verano?”, mi respuesta casi nunca empieza con el nombre de un tratamiento.

Empieza mirando la piel.

¿Qué le ocurre realmente a nuestra piel durante el verano?

Durante las vacaciones cambiamos muchas cosas casi sin darnos cuenta. Pasamos más horas al aire libre, aumentamos nuestra exposición al sol, entramos y salimos del mar o de la piscina, dormimos a otros horarios y, reconozcámoslo, tampoco seguimos siempre nuestra rutina facial con la misma disciplina.

Yo también flexibilizo algunas rutinas cuando estoy de vacaciones. El problema es que nuestra piel no se va de vacaciones.

La radiación ultravioleta continúa siendo uno de los principales factores externos relacionados con el envejecimiento cutáneo. Su efecto es acumulativo y puede favorecer cambios en la pigmentación y contribuir al deterioro progresivo de estructuras fundamentales de la piel, como el colágeno y la elastina.

A esto se suman las altas temperaturas, la deshidratación, el cloro, la sal y otros factores ambientales.

Por eso podemos regresar con un bonito bronceado y, al mismo tiempo, encontrar una piel más deshidratada, con un tono menos uniforme o con algunas manchas que ahora llaman más nuestra atención.

El bronceado puede desaparecer en unas semanas. Algunos efectos de la exposición solar, sin embargo, necesitan algo más de tiempo y cuidados.

Manchas, sequedad, textura… ¿qué podemos notar después del verano?

Hay algo que siempre intento transmitir en consulta: no debemos obsesionarnos buscando imperfecciones cada vez que nos miramos al espejo.

La piel cambia. Está viva. Y esos cambios forman parte de nuestra edad, nuestros hábitos y nuestra historia.

Otra cosa diferente es detectar qué está ocurriendo y decidir si queremos tratarlo.

Después del verano existen algunas señales que aparecen con bastante frecuencia.

Manchas que antes apenas veíamos

Septiembre tiene una particularidad: muchas pacientes empiezan a descubrir manchas que durante el verano habían quedado parcialmente disimuladas por el bronceado.

En otros casos, manchas que ya existían se hacen más evidentes.

Pero antes de hablar de IPL, láseres, peelings o cualquier otro procedimiento, hay que hacer algo mucho más importante: saber qué tipo de lesión pigmentada tenemos delante.

No todas las manchas son iguales ni tienen el mismo origen. Y, por tanto, tampoco deberían tratarse de la misma manera.

Una piel que parece haber perdido luminosidad

Esta es otra frase muy habitual: “Doctora, me veo apagada”.

Y curiosamente no siempre hay una alteración concreta que la paciente pueda señalar con el dedo.

Puede existir deshidratación, cambios en la superficie cutánea, acumulación de células o un tono menos uniforme. Todo ello puede hacer que la luz se refleje de forma diferente y que percibamos el rostro con menos luminosidad.

Aquí es donde resulta especialmente importante no confundir luminosidad con volumen. No siempre necesitamos rellenar algo para conseguir que un rostro se vea más fresco.

Más sequedad y líneas finas más visibles

Después de semanas de calor, sol, aire acondicionado, piscina y mar, es bastante habitual sentir la piel más tirante o menos confortable.

Cuando existe deshidratación, además, algunas líneas finas pueden hacerse más evidentes.

Esto tampoco significa automáticamente que hayan aparecido nuevas arrugas durante las vacaciones. En ocasiones, mejorar la hidratación y la calidad cutánea cambia considerablemente la apariencia de la piel.

Cambios en la textura y la firmeza

También hay pacientes que no hablan de manchas ni de sequedad. Simplemente sienten la piel diferente al tocarla o perciben que ha perdido cierta calidad.

En estos casos debemos mirar más allá de la superficie.

La calidad de la piel depende de múltiples factores y estructuras. Colágeno, elastina, hidratación, tejido subcutáneo y el propio proceso de envejecimiento intervienen en cómo vemos y sentimos nuestro rostro.

Y ahí comienza realmente el diagnóstico.

Después del verano no existe un tratamiento perfecto para recuperar la piel

Las redes sociales nos han acostumbrado a descubrir constantemente “el tratamiento del momento”.

Una semana parece que todas necesitamos un láser. La siguiente, un inductor de colágeno. Después aparece una nueva tecnología que promete convertirse en imprescindible.

En consulta intento hacer justamente lo contrario.

No busco adaptar la paciente al tratamiento. Busco el tratamiento adecuado para la paciente.

Y algunas veces incluso mi recomendación es esperar.

Si existe un bronceado reciente, una exposición solar intensa o determinadas condiciones de la piel, puede ser preferible dejar pasar un tiempo antes de realizar algunos procedimientos.

Otras veces podemos comenzar trabajando hidratación y calidad cutánea mientras planificamos tratamientos que realizaremos más adelante.

El calendario ayuda, pero la piel manda.

¿Qué tratamientos podemos valorar para recuperar la piel después del verano?

No me gusta elaborar una lista de “tratamientos imprescindibles de otoño”, porque realmente no existe.

Lo que sí existen son diferentes herramientas que podemos utilizar dependiendo de lo que encontremos durante la valoración.

IPL para manchas y tono irregular

Cuando encuentro determinadas alteraciones pigmentarias, una de las opciones que puedo valorar es la luz pulsada intensa o IPL.

Su indicación dependerá del tipo de pigmentación, del fototipo, del estado actual de la piel y de otros factores que debemos analizar previamente.

En determinados pacientes puede ayudarnos a trabajar pigmentaciones y conseguir un tono visualmente más uniforme.

Pero vuelvo a insistir en algo: una mancha no debería tratarse simplemente porque parece una mancha.

Primero hay que diagnosticarla.

Y después del verano debemos prestar especial atención al bronceado residual y a la exposición solar antes de indicar determinados procedimientos.

Láser CO2 fraccionado para renovar la piel y mejorar su textura

Cuando el problema está relacionado con textura irregular, líneas finas, determinadas cicatrices o signos de fotoenvejecimiento, podemos plantear procedimientos de renovación cutánea.

Una de las herramientas que utilizo en determinados pacientes es el láser CO2 fraccionado.

Me gusta porque nos permite trabajar la piel desde una perspectiva diferente a la de los tratamientos que aportan volumen. Aquí buscamos estimular procesos de renovación y mejorar progresivamente determinadas características de la superficie cutánea.

No obstante, es un procedimiento que requiere una correcta indicación, preparación, cuidados posteriores y especial atención a la protección solar.

Precisamente por eso el otoño puede convertirse en un momento interesante para empezar a planificarlo.

Morpheus8 para trabajar calidad y firmeza de la piel

Hay ocasiones en las que una paciente llega hablando de “mala calidad de piel”, pero durante la valoración observamos que también comienza a existir cierta pérdida de firmeza.

En estos casos podemos valorar tecnologías como Morpheus8, que combina microagujas y radiofrecuencia fraccionada para trabajar a diferentes profundidades.

Aquí mi objetivo tampoco es cambiar las facciones.

Busco trabajar la calidad de los tejidos y estimular procesos relacionados con la remodelación del colágeno, siempre adaptando el tratamiento a las características de cada paciente.

Porque mejorar la piel y transformar un rostro son dos cosas completamente distintas.

Ácido hialurónico y tratamientos para mejorar hidratación y calidad cutánea

No todo después del verano necesita aparatología.

En algunos pacientes la prioridad puede estar en recuperar hidratación, mejorar la calidad de la piel y devolverle un aspecto más saludable.

Dependiendo de lo que encuentre en consulta, podemos plantear diferentes estrategias, desde tratamientos con ácido hialurónico específicamente seleccionados hasta protocolos regenerativos que pueden incorporar exosomas u otros procedimientos.

Y aquí quiero romper otra asociación muy habitual: ácido hialurónico no significa necesariamente volumen.

Existen productos con características diferentes y podemos utilizarlos con objetivos distintos. El diagnóstico, la zona que vamos a tratar y el resultado que buscamos son los que determinan la elección.

Inductores de colágeno para trabajar la piel a medio y largo plazo

A partir de determinadas edades, o cuando comienzo a observar una disminución en la calidad y firmeza de los tejidos, también puedo valorar tratamientos dirigidos a estimular la producción de colágeno.

Entre ellos encontramos inductores como la hidroxiapatita cálcica o el ácido poliláctico.

Son tratamientos que personalmente me gustan cuando están bien indicados porque su planteamiento no consiste necesariamente en aportar un cambio inmediato de volumen, sino en trabajar progresivamente sobre la calidad de los tejidos.

Pero tampoco son para todo el mundo.

Una vez más, el tratamiento debe responder al diagnóstico y no al revés.

¿Es el otoño la mejor época para recuperar la piel después del verano?

Más que hablar de una “mejor época”, prefiero hablar de una oportunidad.

Septiembre y el comienzo del otoño nos permiten recuperar rutinas, volver a utilizar determinados activos cosméticos y empezar a planificar tratamientos que durante los meses de mayor exposición solar pueden requerir más precauciones.

También es un buen momento para comprobar cómo ha evolucionado nuestra piel durante los últimos meses.

Pero que llegue el otoño no significa que automáticamente podamos realizarnos cualquier tratamiento.

Si todavía existe bronceado, si vamos a continuar exponiéndonos al sol o si la piel presenta alguna alteración que requiera atención previa, debemos tenerlo en cuenta.

En medicina estética, el momento del tratamiento también forma parte del tratamiento.

La protección solar no termina cuando termina el verano

Este punto merece un apartado propio porque cada septiembre ocurre lo mismo: guardamos los bañadores y parece que también podemos guardar el protector solar.

No.

La radiación solar continúa presente durante el otoño y el invierno. Y si además estamos realizando tratamientos destinados a mejorar manchas, textura o calidad cutánea, la fotoprotección adquiere todavía más importancia.

Yo la considero parte del tratamiento, no un complemento.

También es un buen momento para revisar la rutina cosmética. Lo que nuestra piel necesitaba en julio no tiene por qué ser exactamente lo mismo que necesita en octubre.

Cambian el clima, la humedad, nuestra exposición ambiental y también puede cambiar el estado de nuestra piel.

¿Qué hago yo con mi piel después del verano?

Probablemente esta sea la pregunta que alguna paciente me haría después de leer todo lo anterior.

Y mi respuesta es bastante sencilla: lo mismo que recomiendo a mis pacientes, observarla antes de decidir.

No doy por hecho que porque haya terminado el verano necesite automáticamente un láser, un inductor de colágeno o cualquier otro tratamiento.

Miro cómo está mi pigmentación, cómo siento la hidratación, qué ha ocurrido con la textura y qué necesidades encuentro en ese momento.

Y a partir de ahí decido.

Porque también en mi propia piel prefiero trabajar con una estrategia y no acumular tratamientos.

Creo que cuidarnos bien no significa hacer más. Significa saber qué necesitamos, cuándo lo necesitamos y cuándo no es necesario hacer nada.

Mi consejo para empezar el otoño: primero mira tu piel

Nos hemos acostumbrado a hablar de medicina estética utilizando nombres de tratamientos.

“Morpheus8”, “IPL”, “CO2”, “ácido hialurónico”, “inductores de colágeno” …

Pero detrás de cada uno de esos nombres debería existir siempre una pregunta mucho más sencilla:

¿Qué necesita esta piel?

Cuando una paciente entra en mi consulta después del verano y me dice que quiere recuperar su piel, no quiero empezar diciéndole qué tratamiento debería hacerse.

Quiero escucharla. Quiero saber qué ha cambiado para ella cuando se mira al espejo y qué le preocupa.

Después observo su piel.

Y solo entonces hablamos de tratamientos.

Porque las vacaciones pueden dejar pequeñas huellas en nuestra piel, igual que el paso del tiempo. Cuidarla no consiste en intentar borrar nuestra historia, sino en ayudarla a mantenerse saludable, luminosa y cuidada en cada etapa.

Y ese es también el enfoque que intento aplicar a mi propia piel.

¿Notas tu piel diferente después del verano?

Cada piel puede presentar necesidades distintas después de los meses de mayor exposición solar. Una valoración médica permite analizar su estado y determinar qué cuidados o tratamientos pueden estar indicados en cada caso.

Solicita una valoración con la Dra. Ángela Chamorro

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